Al abordar el texto de Juan Villoro Iguanas y dinosaurios, entendemos de inmediato que por medio de recuerdos lejanos en el tiempo, nos relata sus años de estudiante en un colegio donde predominaba el idioma alemán, el cual subordinaba la lengua materna (español), con todos los inconvenientes que esto acarrea. Evidencia el absurdo sistema educativo de la época de los sesenta, que no permitía la construcción de identidad nacional ya que partía desde la imposición de un lenguaje ajeno y extraño.
En Europa siguen viendo a los mexicanos (suramericanos) como hace cuatrocientos años “salvajemente oriundos”, sin comprender aún, que hay evolución y avance. El autor también nos hace caer en cuanta que tomar distancia del entorno permite una nueva óptica, en la que él puede reconocer y mostrar desde su identidad lo que son y cómo son los mexicanos. Nombrando las cosas desde adentro (inmerso en su cultura) sin dejarse definir desde otros, que son distantes tanto en tiempo como en espacio.
En su segundo aparte hace referencia a la cultura desde la escritura, mostrándonos cómo a través del lenguaje se corrompen y deforman las sociedades, porque, para los europeos aún en hoy los latinoamericanos tenemos un atraso. Partiendo de una cultura centrípeta (Europa) que no ha superado barreras que nos lleven a un encuentro, sino que sigue habiendo un choque, donde no se respeta al aborigen (Mexicano) sino que se moldea a imagen y semejanza, se puede decir que la conquista se ha eternizado, desde el siglo XVI, hasta los años sesenta que es la época a la que se refiere el autor.
Por último, el escritor reserva un espacio para El imperio del tiempo donde hace claridad respecto a la lejanía entre las dos culturas, partiendo de las referencias que hacen de nosotros (América Latina) tanto en guías turísticas y medios audiovisuales, que siguen “agrandando” la brecha temporal que nos lleva a la irremediable involución; además de que “América Latina queda más lejos y llega en los cambiantes y coloridos envases de sus granos de café y sus discos de salsa” así, es como nos ven (Mexicanos) desde afuera.
El universo cambia cada instante, así pues, el comportamiento del ser humano ha sido siempre adaptable. Esa adaptabilidad depende siempre de un entorno donde predominan, no sólo la geografía, sino también otras variables como: tradiciones hegemónicas, leyes y reglas que se crean de acuerdo con la voluntad de quien detenta el poder. Por ende, hablar del texto de Villorio implica introducirse en la lógica del desarraigo inculcado desde la escuela, es comenzar un rito de iniciación profundamente relacionado con el orden mítico, que comienza desde la conciencia humana de época de conquista (América Latina) hasta llegar a las zonas de la imaginación y de la fantasía de hoy.
Pero Villoro tiene una certeza: “…la única patria verdadera se asume sin posar para la mirada ajena”. La mirada particular, que imprime en su escritura, muestra que existen en los imaginarios barreras y prejuicios, los cuales deja entre ver en sus líneas. Por eso bajo la contemplación de Villorio aparece el ser y el parecer, cruel combinación de imágenes que se reflejan y sirven para devolver al otro la imagen deforme o real que se quiere realmente mostrar.
Finalmente hay que apelar a que los análisis son un ejercicio de reflexión autónomo y personal, semejante al ejercicio cartesiano de la duda, ya que la tendencia en la actualidad nos transporta hacia una globalización del pensamiento bajo una misma motivación epistemológica. Es aquí donde la sociedad se convierte en una especie de sujeto pensante común que premia al academicismo frente al individualismo creador. Para que este individuo, desprovisto de su capacidad personal, pierda su carácter de dependencia colectiva es necesario el desarrollo y la revitalización de esta opinión en la que el comentario debe dirigirse a una reflexión más directa y no a la simple producción textual, sin pasar por alto interrogantes que nos ayuden a esclarecer ¿Cómo nos vemos nosotros, aquí y ahora?
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