miércoles, 16 de diciembre de 2009

Bagatela de recuerdos y de búsquedas personales

“…Porque veo al final de mi rudo camino,
que yo fui el arquitecto de mi propio destino”.

Amado Nervo

Hace más de treinta años que no me confieso ante nadie – no creo en los curas, “gracias a Dios” –. Voy a referirme a mis memorias infantiles sobre religión y otras minucias, que no fueron para nada gratas en su momento, pero que al final me dejan bien librada, y como diría Hernando Téllez “…la cuestión se resuelve a favor de la tiranía de los mayores sobre los menores, de los padres sobre los hijos, de la vejez sobre la infancia”.

Recuerdo la reunión infaltable y sistemática que consistía en orar en familia porque “familia que reza unida permanece unida”, así pues el bendito rosario de las noches, en aquel pueblo donde no había energía y nos alumbrábamos con vela, además de encontrarse enclavado en un páramo donde el frío sólo nos invitaba a dormir. Todos incluidos la abuela que “comandaba el séquito”, pues era quien se sabía todas las oraciones habidas y por haber reunía al pie del altar a tíos, hijos, sobrinos y nietos, que nos veíamos forzados a repetir y repetir las mismas oraciones muchas veces. Recuerdo con ira un componente adverso que hacía parte de la enseñanza de rezos, oraciones y letanías. El ingrediente consistía en un “coscorrón” para el que fuera sorprendido jugueteando, durmiendo o riéndose en medio de un acto tan sagrado. Este, obligaba a respetar y continuar rezando, sin poder evitar las risas y muecas a que te sometían los primos a escondidas de los adultos. Tal vez, esas prácticas me obligaron a encuentros poco piadosos con la religión, o peor aún con los sacerdotes.

Hoy escribiendo y describiendo, descubro que dejé atrás muchas creencias, amores, ideas, certezas, principios, valores y formas. Me miro al espejo sin descubrir aquella mujer (niña, adolescente, adulta) que fui hasta ayer, porque hoy no soy…, estoy siendo. Decir recuerdo es decir, por supuesto, estoy grande – para no decir vieja –. También es decir que el mundo no siempre fue como es, hay que decir que las sociedades suceden en la historia, son dinámicas, cambian… siempre cambian. Pero aludir a todo esto no tiene como fin convencer a nadie – nunca me han gustado las imposiciones de ningún tipo –, simplemente quiero mostrar algunas causas de mis cambios personales frente a ideas estáticas dentro de ciertos grupos sociales y al final, también mi inconformidad frente a dichos órdenes.

Hay dentro de estos recuerdos uno que marcó mi vida de forma positiva, y es el que se refiere a mi constante búsqueda de – ese algo – que aún hoy persigo. Mi primera lectura libre y espontánea; El Principito, de Antonie de Saint-Exupéry (a los siete años, hoy creo que era un libro fuerte para mi edad porque, saber que lo esencial es invisible a los ojos, es decir que lo mas importante no se ve, sino que se siente.). No sé qué fue lo que más llamó mí atención, tal vez el lugar donde lo encontré, una maleta roja que contenía una bolsa sellada con gran cantidad de documentos, entre los que estaba el libro, o quizás fue el dibujo que tenía la pasta o más bien el título. Yo había escuchado muchas historias de princesas en las que aparecían príncipes al final cuando había que rescatarlas, o besarlas pero nunca de un príncipe chiquito que venía de otro planeta. Éste acercamiento libre a la literatura me señaló el camino, que aunque muy fragmentado (lapsos de tiempo muy amplio entre el colegio y la universidad) nunca he abandonado. Esto que he redactado es un pequeño bosquejo del proceso histórico que he tenido que vivir para acercarme cada día a la educación, – lineamientos que te marcan el camino a seguir –, hoy tengo la certeza de que no lo hice al revés, pues no hay una forma única y rígida para llegar a la meta.

También reconozco que con el tiempo dejé de sorprenderme ante la finitud de cada cosa; pero recuerdo, si “todavía recuerdo”, que cuando era una chiquilla no sabía que vivía en la historia, que aun es inconclusa y la sigo escribiendo. Por todo esto, doy gracias a Dios porque recuerdo y me gustaría recordar, claro está si Él lo permite, y además – si no padezco demencia senil o mal de Alzhéimer –, mis encuentros y desencuentros con la religión, porque para mí cualquier religión está diseñada para “controlar todo” y a todos hasta el fin de los tiempos, a partir de la idea de que nada cambia para tratar de confirmarla y mantenerla. Partiendo de mis búsquedas y el choque con esa realidad camuflada. Por eso hoy después de haber rezado tanto y de haber cumplido con varios sacramentos de la iglesia católica, no voy a misa, porque tengo una justificación perfecta ¡Prefiero la teoría de la evolución! Por lo menos para mi ha sido menos falsa y menos dolorosa.

Octubre 08 de 2009.

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