No hace falta conocer el peligro para tener miedo; de hecho, los peligros desconocidos son los que inspiran más temor.
Alejandro Dumas.
Creo que nunca he sentido tanto miedo como cuando me pusieron una pistola en la cabeza. Recuero que el frío del metal en mi frente, me hizo acudir a un santo. Lo único que atiné a murmurar fue – ¡San Patricio bendito, protégeme! –
El asalto del cual fui víctima pertenece a los recuerdos que se meten en un cajón bajo llave y se dejan en el rincón del olvido, porque hay cosas del pasado que no se deben o pueden contar. La anécdota es sencilla. Un amigo y yo veníamos de Jamundí llegando a Ciudad Jardín nos sorprendió un aguacero tan fuerte que nos impedía avanzar; entonces decidimos escampar bajo un parasol. Como a los cinco minutos de estar allí, aparecieron dos hombres que también viajaban hacia Cali. Se subieron con motocicleta y todo hasta el lugar donde nosotros estábamos y sin darnos tiempo a reaccionar, – mi amigo estaba sentado en el suelo, yo estaba recostada en mi moto –. Desenfundaron dos armas y nos apuntaron a cada uno en la cabeza (aquí fue donde acudí al santo) ¡San Patricio bendito, protégeme! Luego nos ordenaron entregar todos los objetos de valor, además de la llave de la motocicleta de mi amigo, uno de los individuos trato infructuosamente de encenderla, mientras el otro nos amenazaba a los dos. “¿Qué le hiciste a la moto, perro? ¡Sino prende, les volamos la cabeza!” gritaba el tipo de afuera. Luego de un instante (eterno), nos insultaron y nos obligaron a permanecer inmóviles, hasta que arrojaron la llave lejos en un pastizal y se fueron.
Curiosamente este hecho sucedió el once de septiembre de 2001, por eso, aunque he tratado de olvidar aquel día no he podido. Las imágenes del hecho terrorista son el transfondo de mi miedo. Mi miedo (del tamaño de un elefante) invocó a San Patricio, que hasta hoy me recuerda lo irrisorio del asunto, porque la reacción es instinto, no usa la lógica ni la razón –no sé por qué acudí a un santo desconocido- pero tiempo después averigüé ¿Quién era y para qué se invocaba a San Patricio? Y me sorprendí porque, descubrí que hay más de fondo que de forma, es decir, pude comprobar que hay semejanza entre los dos, porque, en reiteradas oportunidades intentaron matarlo; sin embargo siempre logró escapar airoso de los peligros. Además, es el patrono de Irlanda, y la celebración de su día está íntimamente ligada al consumo de cerveza que a mí tanto me gusta.
Bueno contar un recuerdo que aparentemente no tiene nada de extraordinario, me sirve también para reflexionar sobre los peligros, tanto los que nos rodean a diario en la calle, como los que se refieren a las amistades y a la irresponsabilidad que a veces nos habita. Porque ¿Qué habría pasado si hubiéramos resultado heridos? Lo que quiero decir es que, muchas veces estamos en el lugar y momento equivocado, pero además acompañados de la persona menos indicada.